LA INTELIGENCIA VOMITIVA

No pasa un solo día de mi existencia en el que no recuerde a mi abuela, era una mujer analfabeta dotada de una gran sensibilidad y una fina ironía, en mi mente siempre están presentes algunas de sus máximas y, en estos días, sobrevuela en mi interior aquella que decía así:

“Hijo mío, los tontos son mucho más felices”.

Y es que en mi opinión la inteligencia podría estar sobrevalorada y convertirnos en seres absolutamente desgraciados a condición de usarla de la manera adecuada. Si el lector hace una búsqueda en Google encontrará muchas definiciones de inteligencia. Todas ellas son descritas por personas más sabias y más autorizadas que yo, por supuesto. Sin embargo, en mi deseo de hacer llegar lo que llamo “Psicología Blue” (pronto en otro artículo) lo más lejos posible, tengo una definición operativa de inteligencia para empezar:

La inteligencia es la capacidad de prever, surfear y arreglar los marrones que la vida nos propone.

Visto de esa manera, nos podemos encontrar con personas que pueden ser inteligentes en muchas áreas y sin embargo, ser torpes en otros ámbitos de la vida y es por ello que como psicólogo siempre me ha sorprendido la capacidad que algunas personas tienen para convertir su propia vida en un tormento sin fin. Voy a sugerir una hipótesis aventurada, atormentarse con la propia mente no es una cosa fácil. Requiere un tipo de inteligencia superior, no cabe duda. Si fuera tan sencillo, probablemente habría muchos más desgraciados sin remedio y las ciudades se sumirían en el gris color de una humanidad miserable.

Atormentarse con la propia mente, sin la ayuda de nadie, es un éxito neurológico.

Voy a explicarme, hay tantas maneras de enredarse en las telarañas de la inteligencia, que darían para un libro. Mi deseo en este artículo es resumir en pocas líneas algunas de las mejores con el objetivo de que puedas reconocerlas y atinar a utilizarlas en el caso de que te sientas un tonto feliz.

¿Inteligencia vomitiva?

Tras años de experiencia acompañando personas con dificultades, rara vez hay alguien que se lamente de su nivel de inteligencia y, en cambio, estas personas se quejan afligidas de sucesos que son consecuencia de su propia inteligencia. La definición de esta clase de inteligencia perniciosa que detecto a menudo es la siguiente:

La Inteligencia Vomitiva es la capacidad de usar tu propio cerebro para avinagrarte la existencia.

Es probable que no conozcas a nadie que haga eso, no es demasiado habitual, aunque creo que es importante describir el síndrome para poder detectarlo a tiempo. Veamos cuáles son los criterios diagnósticos más evidentes de la Inteligencia vomitiva y te aseguro que si los pones en práctica nadie podrá negar que eres inteligente:

  1. Capacidad de prever y/o pretender controlar acontecimientos negativos. Intentar prever y controlar de manera exhaustiva las cosas funestas que pueden ocurrir para así asegurarnos de que nada malo suceda, es la autopista al infierno mental. Por ejemplo, un paciente intentaba pretender tener el control sobre el tiempo meteorológico y sus posibles consecuencias en las turbulencias en un vuelo. Buscaba toda la información que existe sobre lo ocurrido en un pasado pretendiendo así predecir el día que haría la mañana siguiente en otro país. Como la tecnología de hoy en día nos da la sensación de tener el conocimiento a nuestro alcance nuestra inteligencia vomitiva queda disimulada porque no deja de tener cierto sentido consultar la cuestión. Si san Google no nos arroja una certeza absoluta, lejos de tranquilizarnos, nos catapulta a una nueva demanda de información y así hasta el infinito.
  2. Leer el pensamiento de otros o dar por supuesto que lo has leído. Otra maravillosa manera de generar amargura es la de pretender que sabes lo que los otros piensan sobre ti, sobre el mundo, etc. Por ejemplo, una manera satisfactoria de tener una vida calamitosa es la de dedicar unas buenas horas de tu tiempo pensando de manera muy inteligente para detectar si fulano te adora o te odia según la interpretación de determinados comportamientos o discursos efectuados a través de las redes sociales o apps de comunicación. La inteligencia vomitiva impedirá que hagas una pregunta directa a la persona en cuestión, puesto que tenderá a pensar que si le da las suficientes vueltas podrás determinar de manera exacta lo que el otro piensa y anticipar cualquier acontecimiento.
  3. Usar la inteligencia para la justificación. Es una brillante modalidad de aplicación eficiente de la inteligencia vomitiva, sin duda garantiza una infausta realidad. Nada más útil para generar rencor que justificarse de manera brillante con cualquier excusa para no hacer algo que deseas o para acabar haciendo algo que te repugna en realidad. Una persona que conozco evita siempre ciertas situaciones sociales, normalmente pasa un buen rato meditando el porqué de la evitación, lo peor de todo es que se lo justifica brillantemente a sí misma pero no se lo acaba nunca de creer, y cada vez se siente peor. Así pues, dar perspicaces razonamientos a un miedo, siempre garantiza el dolor emocional y es una demostración de lucimiento frente a los demás de nuestra existencia miserable.
  4. La habilidad para machacarse a uno mismo. Es el máximo rendimiento de la inteligencia que hoy nos ocupa. La encontramos en la capacidad de interpretar en un sentido doloroso cualquier decisión tomada, comparando la nueva situación resultado de la misma, con lo que uno cree que los demás tienen, o con lo que hubiera pasado de maravilloso de haber tomado otra alternativa. Darse un sermón despiadado mientras revisas tus decisiones del pasado es un logro extraordinario de la inteligencia vomitiva. Veamos cómo desarrollar esta idea, imaginemos a una persona que, en cierto momento de su vida, incluso habiendo meditado la cuestión de una manera razonable y a tenor de unas informaciones del momento, tomó una decisión. El resultado de dicha decisión es conocido al cabo de un cierto tiempo, por ejemplo, dos años después. El paso del tiempo ha proporcionado a la persona “inteligente” nuevas informaciones consecuencia de lo que pasó. Para el ser humano dotado de un alto nivel de inteligencia vomitiva, el hecho de rumiar y lamentarse por la decisión pasada en base a nuevas informaciones perpetuará eficientemente su abatimiento.

Escribir sobre este tema me ha mostrado que parece infinita la capacidad de usar la inteligencia de manera vomitiva, se me ocurren cientos de ejemplos para ilustrar al lector pero no quiero resultar aburrido en mi peregrinación por las gloriosas estructuras de la mente, la obsesión, la hipocondría, los celos, la envidia, la depresión y cualesquiera trastornos que las personas padecemos, bien pueden ser resultado de nuestra inteligencia y de la lógica que ella conlleva. Lo verdaderamente importante es descubrir en qué medida debemos desarrollar nuestra ignorancia bendita y dejar nuestra descollante inteligencia descansar en el cementerio de los justos.

Os dejo a continuación como cultivar la simpleza para usar el cerebro de manera más provechosa en cinco pasitos de nada:

  1. Dedica un día a compararte para ganar: Mira secretamente a tu alrededor y observa a quién está peor que tú. Es una bendición del cielo saber que los hay más vomitivamente inteligentes que tú.
  2. La incertidumbre es vida: Hay poca gente más lista que los físicos y se dedican a estudiar los principios de incertidumbre. En la vida cotidiana, no hay nada cierto, así que librarse del dolor de la certeza puede ser gratificante.
  3. Dedica un rato a tu Inteligencia Vomitiva: Lo ideal es saber que tu fastuoso cerebro es capaz de pergeñar planes idiotas, sufrimientos imaginados y revolcadas en la mierda. Dedicar 15 minutos diarios a dar rienda suelta a tu mente y planificar la aflicción es liberar tu cabeza para el resto del día.
  4. Practica quedar como un pelotudo, por lo menos una vez a la semana: No tan en el fondo somos bastante sanos a pesar de nuestra inteligencia. Practicar ser tonto más a menudo te llevará, tal vez, a la Presidencia de un Estado.
  5. No tienes ni puta idea de lo que hay en la mente de los demás: Esto es duro de leer, lo sé. En una ocasión alguien me dijo que el viaje de LSD más bestia que podrías hacer es pasar un minuto en la mente de otro. En caso de duda, acerca de lo que el otro piensa, pregunta. Y si no puedes preguntar, practica el punto 4 en profundidad.

 

Así pues, cobra mucha presencia la validez del aserto de mi abuela debemos aceptar que el edén se halla en la profundidad de la inocencia, y espero encontraros en el paraíso de los tontos en lugar del averno de los vomitivamente inteligentes.

Victor Amat
Victor Amat
Neurolingüista postpunk y psicoterapeuta schrödingeriano. Es padre por partida triple, está bien casado y piensa que “las dificultades de la vida siempre tienen solución”.
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Comments
  • Irene Mata

    Víctor,
    Como tu bien dices, lo que has escrito serviria para escribir un libro. En serio, ¿Por qué no lo haces? De momento ya tienes una lectora asegurada.
    Muy buena reflexión, amigo, felicidades. Pero me gustaría que desarrollases más tus teorias, que a veces y con todo respeto me parecen más próximas a la filosofia. Buena base para crecer. Espero leer más.
    Irene

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